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Blog complemento de mis clases. Escrito especialmente con un sentido educativo. Artículos autoría propia.

domingo, 27 de marzo de 2016

1.2 El drama del origen y destino de la vida

      ¿Quiénes somos? ¿Somos un organismo más? ¿Nuestra existencia coincide con la existencia de nuestra vida, esto es, con la existencia de nuestro organismo o existimos antes de la vida y después de la vida, esto es, trascendemos la muerte? ¿Quiénes somos? ¿De qué forma incide en nuestra existencia actual la respuesta que demos a estas interrogantes? ¿Cuánta importancia da la educación a estos temas? ¿Acaso no es importante preguntarse por el valor de la vida, de nuestra existencia, de nuestro origen y destino? ¿Creemos o no –y auténticamente- en una existencia después de ésta? 

      Pongo a la reflexión de ustedes, una serie de pensamientos que extraeré de distintas visiones sobre el antes o después de la vida. Se tratará de ideas que creo son interesantes para nuestra reflexión y formación como educadores y como seres humanos sin más. Son reflexiones auténticas –convicciones- de personas que han meditado largamente sobre el tema… Sin embargo, no son presentadas para aceptarlas como verdad absoluta sino para la reflexión y porque, en algún momentos de nuestras vidas, podrían ayudarnos o servirnos para ayudar a otros… Estas reflexiones, nos ayudarán también para entender mejor algunas miradas del cine sobre la vida y la muerte. 

 A. La Mirada Nihilista De La Vida. 

 Para quienes sólo somos un ser orgánico, cuyo funcionamiento y actos definen los alcances y límites de nuestra existencia, nuestra existencia se inicia en el útero y cesa en el sepulcro. Una visión de esta índole se agotará, por lo tanto, en las funciones y sobrevivencia de la especie y del individuo dentro de ella. La muerte, desde esta perspectiva, implicará no un tránsito a otra vida sino el aniquilamiento del ser: su fin, su cesación. De acuerdo con ello, nuestra existencia será sinónimo de vida – esto es de funcionamiento orgánico- donde la calidad, propósito y bienestar de la existencia, dependerá del estado vital y, por ende, de la satisfacción de las necesidades vitales: comodidad, placer, funcionamiento óptimo y perdurabilidad de las mismas. 

 En esta concepción, la muerte como fin de la existencia, se convertirá en el absurdo de la vida; el envejecimiento del cuerpo será algo que si no se puede superar, sí habrá que tratar de ocultar o disimular a toda costa: “Nuestra sociedad de consumo rinde pagano culto al cuerpo, a la vida material. El consumismo nos deslumbra. Los bienes materiales son principio y fin de nuestras vidas”. (Dr. Andrés Barros Pérez–Cotapos. “Más allá de la vida. Una visión cercana a la ciencia”. Ed. Alba S.A., 2001, p. 6)

 Antes y después de la vida: nada. Es la mirada nihilista de la vida; donde todo comienza y termina en ella; donde su único triunfo es la conservación de la especie. Nihilismo, palabra de la raíz latina nihil, que significa nada, aquello que no existe. De ahí procede el verbo "aniquilar" que significa destruir completamente. “Macbeth de Shakespeare, resume elocuentemente la perspectiva existencial del nihilismo, desdeñando la vida:
 ¡Apágate, apágate, corta vela! La vida no es sino una sombra pasajera, un mal actor que se pavonea y que teme su hora sobre el escenario. Y luego no se escucha más, es un cuento contado por un idiota, lleno de sonidos y furia, sin ningún significado. 

Las predicciones de los filósofos sobre el impacto del nihilismo en la sociedad son desalentadoras”. (Cf. http://www.allaboutphilosophy.org/spanish/nihilismo.htm) Lo más paradójico del nihilismo es que la exaltación de la vida es, precisamente, la que le quita sentido al reducirla a un vivir por y para la vida: Es una vida sin misión, sin vocación, sin trascendencia…

  
Para entender la visión nihilista de la vida y el vacío existencial
 http://www.youtube.com/watch?v=7BoGNoNFbX0

  
Woody Allen, "La vida y nada más" [Película Documental]
 http://www.youtube.com/watch?v=Mb9-l_j6YrU


¿Cuál Sería La Mejor Atención Del Moribundo Según La Mirada Nihilista? 

Tal vez: la mejor clínica, amplia, con jardines y excelentes estacionamientos, con los máximos adelantos tecnológicos y médicos, con fármacos para evitar el dolor y toda suerte de conexión a máquinas que permitan reemplazar o cooperar con sus órganos desvitalizados… El Dr. Barros Pérez-Cotapo se pregunta “Los momentos finales de estos seres ¿serán realmente ideales? ¿Estarán conformes o felices al sentir que su única compañía, lo constituyen marcapasos, balones de oxígeno, botellas de suero, máquinas respiradoras, bombeado por mangueras y pinchados al segundo? (…) Ciertamente, no estoy predicando una cruzada de deshumanidad negando apoyo médico al moribundo. Mi pensamiento está muy lejos de esa idea. Sin embargo, estimo más deshumanizado creer que nuestro apoyo a la agonía de un ser querido radique sólo en aquietar nuestra conciencia al brindar sólo apoyo técnico material. La mirada errática de estos moribundos de excelencia clínica se aviva, se impregnan de ternura y amor al sentir una mano fraterna sobre sus frentes, la presión de otra mano amiga sobre un brazo, un poco de música, un beso, comprensión, un acto de amor.” (Ob. Cit. P. 6)


 B.  Miradas Trascendentes De La Vida 
Desde la fe


       Desde que se tiene noticia de nuestra existencia, ya en la edad de piedra, el hombre vislumbró que su vida no cesaba con la muerte, sino que existía otro tipo de existencia superior. Los chamanes siberanios, aztecas, incas, celtas, germanos, tribus étnicas de África, indígenas de América, dejaron imágenes de sus creencias en una vida ultraterrenal siempre superior a ésta.


Fe - Esperanza - Caridad 
Son las virtudes teologales de quienes creen en un
 Ser Creador, Bondadoso, Sabio. 
Las diversas religiones le llamarán y entenderán de diversas formas...


 b.1. Los Egipcios. 

Piramides y momias expresan las ansias de eternidad de los egipcios. Sus cámaras mortuorias eran provistas de alimentos, vestuario, joyas, adornos. Los Textos de las Pirámides y Textos de los Sarcófagos explican los peligros que acechan al difunto en el viaje que inicia su alma en forma de Ba (cuerpo de ave y cabeza humana) hasta llegar a la presencia de Osiris. Osiris sería el juez supremo del tribunal de los difuntos. El reino de Osiris contempla dos dominios. Uno, divino; otro siniestro, carente de pan, agua y luz; con seres malvados… Sólo quien se haya iniciado en el camino de los misterios, podrá traspasar con éxito las 21 puertas, 7 vestíbulos y 15 moradas del inframundo y sentarse a la mesa con Osiris. Es un viaje de superación de la muerte, que para ser llevado con éxito requiere iniciarse, de preparase en esta vida. El Libro de las Puertas, El Libro de las cavernas y el Libro del Amduat (Libro de lo que hay en el otro mundo) forman el corpus de enseñanzas para prepararse en esta vida para lograr el reino eterno o condenarse eternamente en el mundo de los muertos o inframundo. Antes de acceder a la eternidad deberá pasar una última prueba: El juicio de los muertos ante 42 jueces; llevado a cabo en “La sala de las Dos Verdades”, bajo la presencia de Osiris, quien la preside. Haber llevado una vida correcta es requisito para permanecer en el más allá y conocer a Osiris como el Señor de la Casa. Se le harán preguntas sobre actos cometidos, siendo su corazón colocado en un lado de la balanza de almas; mientras en el otro hay una pluma de Maat, la Diosa de la Verdad y de la Justicia. Si su corazón es más liviano pasa a reino de Osiris por la eternidad, como un miembro celestial; o muere para siempre, engullido por Ammit, el demonio devorador de Almas.



b.2 Los griegos y romanos.

     En la antigüedad hubo distintos cultos mistéricos; donde se capacitaba para distinguir lo divino de lo humano, lo terrenal de lo ultraterrenal, para perder el miedo a la muerte y al ultramundo o reino del señor de los muertos, reino de las sombras, gobernado por Hades y su esposa Perséfone (mitología Griega) o Plutón y Proserpina (mitología romana).

      Desde aproximadamente 1500 a.c. hasta el siglo IV d.c., se celebraban los llamados Misterios Eleusinos (se celebraban en Eleusis, Grecia) en honor a la diosa Demeter y su hija Perséfone. Los iniciados en estos misterios guardaron tan celosamente los secreto que les eran conferidos, que ningún externo pudo conocer mucho sobre ellos y las visiones que tenían del más allá. Se supone que recibían enseñanzas sobre la esencia de la existencia humana y el sentido de la vida y la muerte que transformaban sus vidas. Píndaro, iniciado en ellas decía: “Bendito es aquel que, habiendo visto estos ritos, toma el camino bajo la tierra. Conoce el final de la vida, así como su divino comienzo.” Cicerón clamaba: “No solo hemos encontrado ahí la razón para vivir más alegremente sino también que podemos morir con mayor esperanza.” Se sabe que los iniciados tenían una serie de procesiones, rituales y que hacían uso de una serie de técnicas para alcanzar el éxtasis que les llevaba a percepciones de lo sobrenatural. La iniciación era requisito para librarse del reino de los muertos; sin diferenciar entre reyes, héroes, generales. Opuesto al inframundo, una especie de paraíso: Los Campos Eliseos, conocidos también como Isla de los Bienaventurados; donde no existe la muerte sino sólo la dicha; donde los mortales se alimentan como los dioses: Se trata de un lugar más allá de la muerte pero no del más allá. Los Campos Elíseos eran el lugar sagrado donde las sombras de los hombres virtuosos y los guerreros heroicos llevaban una existencia dichosa y feliz, en medio de paisajes verdes y floridos. Era la antítesis del Tártaro; asociado a menudo con el Cielo cristiano.Aún así, las personas que residían en los Campos Elíseos tenían la oportunidad de regresar al mundo de los vivos, cosa que no muchos hacían. Un lugar conocido como el Tártaro se encontraba en lo más profundo del Hades: del Tártaro no había retorno. Allí Zeus arrojó a los Titanes, a Tántalo, a Sísifo y a todos los pecadores.

Los muertos entraban al inframundo cruzando el río Aqueronte, en una barca conducida por Caronte, quien les cobraba un óbolo. Por ello los griegos colocaban bajo la lengua del difunto o encima de sus párpados una moneda. La otra orilla era vigilada por Cerbero, el perro guardián de tres cabezas, quien cuidaba la puerta de entrada al Hades para que no entrara ningún vivo sino sólo los espíritus de los muertos y, a su vez, nadie saliera.  (Imágenes:  Caronte, ilustración de Gustave Doré y Cerbero, acuarela de William Blake.)

b.3 Los celtas. Los celtas proceden del sur de Rusia, en torno al Mar Caspio. Para ellos, vida y muerte son indisolubles: la vida terrenal y el más allá son un mismo mundo; al mismo tiempo visible e invisible. El alma es inmortal; no tiene ni principio ni fin. Los druidas eran los sabios o sacerdotes celtas. Conocedores de las hierbas, daban a ellas poderes mágicos. El más allá era un lugar paradisíaco, de bienaventuranza…Son famosos los descubrimientos arqueológicos de extensos círculos de piedra, como el caso de  Stonehenge que según uno de los arqueólogos más dedicado a estos descubrimientos -Parker Pearson-  considera que fue construida para los ancestros; un monumento pétreo para albergar los espíritus de los muertos. Las nuevas excavaciones revelan que Stonehenge estaba comunicada por extensas avenidas de procesiones con otro gran círculo hecho de madera - que representaba el mundo de los vivos. Durante el día más corto y el más largo del año ambos monumentos se alineaban con la salida y la puesta del sol.


b.4. Los pueblos indígenas 

      Todos los pueblos indígenas desarrollaron una creencia en el alma, la que se separaría del cuerpo seguir existiendo más allá de la muerte física.

      Los aztecas diferenciaban tres reinos de los muertos: El Mictlan, donde iban los enfermos y hallaban la muerte y quedaban destruidos para siempre. El Tlalocan, lugar paradisíaco, donde iban las víctimas de las catástrofes naturales. La Casa del Sol, donde iban los guerreros y las mujeres que fallecían en el parto. Los muertos podían adquirir diversas formas: humanas, de aves, nubes o viento.

     Los indios delaware creían que quienes se hubiesen conducidos por caminos correctos durante la vida, irían tras la muerte a un lugar paradisíaco y eterno: El país de la vida. En el centro del País de la Vida, estaría la morada del gran espíritu bueno. Todo allí es belleza, grandes prados donde pastorean los animales más preciados. Allí se encontrarán padres e hijos. Una nítida luz ilumina al creador. Allí los enfermos sanan y no hay distingos sociales. Los incas construyeron templos monumentales, ocupados por sacerdotes y mujeres elegidas; realizaban complejas ceremonias. Creían en el poder mágico de algunos objetos, adoraban la naturaleza y el Sol. Los sacerdotes practicaban la adivinación y se hacían sacrificios en cada ocasión importante; llegando al ofrecimiento de sacrificios humanos.

      Los ewe (habitantes de la selva del oeste de África) creían en la preexistencia del alma.  El nacimiento es la encarnación de esa alma en la que distinguen dos partes: la principal o alma de vida, procedente de la patria del alma y otra más pequeña, llamada alma de los muertos.

     Los mapuches representaban el mundo con una forma de naranja; de la cual sólo accedemos a la mitad. Tres dimensiones conforman la estructura del Universo mapuche:
Wenu Mapu: En el extremo superior está la Wenu Mapu, la tierra de arriba, espacio sagrado e invisible donde habitan la familia divina, los espíritus del bien y los antepasados mapuches. 
Nag Mapu: Se denomina así a la tierra central, también conocida como "la tierra que andamos", aquel espacio visible que es habitado por los hombres y la naturaleza.
Miñche Mapu: la tierra de abajo, donde se encuentra la fuerza del mal o espíritus malignos.

     Los mapuches no construyeron templos pues sus rituales los hacían en íntimo contacto con la naturaleza. Ofrecen culto a los espíritus de los antepasados (míticos o reales), y a espíritus y/o elementos de la naturaleza. Para ellos, “antes que todo, existe el Pu-Am, una ánima universal que permea todo lo viviente. De esta ánima universal se desprende la de cada hombre, el Am, que acompaña su cuerpo hasta que muere. Sin embargo, no solo el ser humano tiene su Am, todo ser viviente posee su propia ánima. Solamente los wekufe no poseen ánima” (Wekufe son los espíritus malignos). Para los mapuches, cuando el hombre muere, su Am se convierte en Pillü (espíritu benigno masculino) y se resiste a alejarse de su cuerpo. Pero el estado de su pillü es muy peligroso, pues el wekufe puede adueñarse de esa ánima y esclavizarla o ser usada por los Calcu (especie de brujo). Para salvarse, ella tiene que viajar a la isla de Ngill chenmaiwe que los muertos pueden alcanzar con las ayuda de las Trempulcahue (cuatro ancianas transformadas en ballenas que nadie puede ver); en este lugar se convertirá en Alwe o Pillán. Por esto, en el funeral, los parientes y amigos del difunto tratan de ahuyentar su ánima con gritos y golpes. Bajo la forma de alwe, el ánima podrá regresar cerca de sus queridos sin que los wekufe puedan amenazarla y así ayudar a sus descendientes, sobre todo a sus nietos. En algunos casos, cuando el ser humano ha logrado alcanzar su superación en la isla Ngill chenmaiwe, el pillü puede lograr transformarse en pillán o en wangulén. Finalmente, con el transcurrir del tiempo, cuando ya los descendientes del muerto han perdido la memoria del difunto, su alwe vuelve a reunirse al Pu-Am y así el ciclo alcanza su conclusión.

Ngenechén: Espíritu o deidad que gobierna a los humanos.
Antu o Chau: Llamado también Antu fucha (anciano rey sol).
Antu kuche (anciana reina luna), representación de Küyén, esposa de Antu fucha..
Elche: Espíritu creador del hombre.
Elmapu: Espíritu creador del mapu (Tierra).                              

     El rehue (imagen derecha) simbolizaba la escalera al cielo, y marca el lugar de congregación ritual mapuche, donde se agradece a los pillanes y a la tierra.  Rodean canelos, símbolo de paz.  Los mapuches “Cantaban y bailaban; comían y bebían por días y noches”; eran “espacios sagrados permanentes”.                                                                                                                                                                                    
    Quien se interese por indagar más sobre las religiones y las creencias sobre el más allá, puede hacerlo… Aquí hemos querido asomarnos sólo lo suficiente para hacer notar que la idea que siempre ha primado es: La vida no termina en la muerte sino que existe un más allá de ella; donde el acceso a mundos paradisíacos, mundos de bienaventuranza, de vida eterna requieren de una iniciación, preparación, comportamiento… Las religiones universales -judaismo, cristianismo, islamismo, hinduism, budismo - ven en la vida un estado de tránsito a una existencia superior.  Aquí no entraremos en ellas pues  nos demandaría el semestre y más.  Sí -en el punto siguiente- comprenderemos muchas de sus creencias, en cuanto son también materia de ciencia y el acceso a sus enseñanzas pueden ser un beneficio para nuestro actuar educativo - orientador.

b.5 El Budismo explicado por Jorge Luis Borges


Visión holística de nuestra realidad personal


Holismo; del griego ὅλος: “todo", "entero", "total".  La visión holística de la realidad, del universos, de la vida... implica una posición metodológica y epistemológica que postula : Los sistemas (ya sean físicos, biológicos, psicológicos, médicos, sociales, económicos, mentales, lingüísticos, etc.) y sus propiedades, deben ser analizados como un todo  contextualizado y no a través de las partes que los componen ni aislado.  El todo es lo único real.  el todo es más que una de sus partes y es más que la suma de sus partes.

“El reconocer, al igual que las teorías físicas y astronómicas, que el universo, la totalidad, ocurre continuamente; que «el todo es mayor que la suma de las partes», según el enunciado aristotélico; que la totalidad es producto del conjunto de relaciones, las cuales corresponden a eventos sucedidos, a otros que se suceden y a infinito número que está por sucederse”  

"En holística los límites, más que puntos de llegada o cercas de contenido, son realidades a transcender, puntos a rebasar, comprensiones a desarrollar...” 

“Holística y filosofía se relacionan estrechamente. Una y otra pretenden encontrar el sentido profundo de las cosas, sin pretensión de agotar el conocimiento, ni mucho menos hacerlo propio. Por eso, es bueno tener en cuenta que la holística tiene su fundamentación en la filosofía y su holopraxis está expresada en la experiencia, una experiencia que vive, observa, aprehende, abstrae, simboliza, construye..." (Citas de http://www.telurium.net/PDF/holistica.pdf

Hologogía
Postula la necesidad de originar procesos educativos a partir de comprensiones que contemplen a toda la persona, esto es, en su integridad, en su potencialidad, en su devenir, en sus dimensiones; en su integridad y trascendencia.  Implica en cada persona ver el ser único y a su vez en ella el  ser persona que nos asemeja. Implica ver el acontecimiento, el sentido, la acción y las obras trascendiendo en una biografía personal y transpersonal.  Implica vernos como personas que vivimos trascendiendo; mirarnos sin reduccionismos de ninguna índole.

Como ejemplo de esta visión, nuestro psiquiatra Sergio peña y lillo, en su libro “El Túnel y el bardo” nos relata cómo debió indagar, por responsabilidad psiquiátrica, terapéutica, en los misterios de la existencia humana:


“…Continuaba pensando que una terapéutica meramente conductual de los síntomas neuróticos y psicosomáticos no podía ser suficiente y que debía lograrse una modificación paralela  de las raíces personales, tanto de las visiones erróneas como de las inseguridades  de la propia auto imagen  que originaban los temores y las inhibiciones.  Esa fue la razón que me llevó –después de muchas lecturas que, sin ser psicoanalíticas, aludían al psiquismo profundo-,  a ir incorporando en el método imágenes simbólicas que me permitían comprender mejor el sustrato subconsciente  de los síntomas que trataba.  Así, por ejemplo, sugería la visualización del “Ascenso en la Montaña”  como liberación de “ataduras” biográficas y de las programaciones ajenas  a la verdad personal…” (Obra cit. “El túnel y el bardo” p. 11)…”Y también los sueños más significativos del propio paciente.  Al emplear estas imágenes simbólicas pude observar que algunos pacientes me relataban que habían experimentado  curiosos estados de paz  beatífica, semejantes a los trances místicos y haber obtenido, de manera casi inmediata, cambios enriquecedores de su personalidad en el sentido espiritual, con una capacidad de aceptación, que no tenían, de lo ingrato y desagradable. La mayoría de ellos eran previamente sujetos religiosos y estimaban su experiencia como algo de naturaleza divina.
Fue precisamente cuando trataba de encontrar una explicación de esas extrañas mejorías, cuando tuve la oportunidad de conocer, casi simultáneamente los libros del doctor Raymond Moody y de los doctores J. Whitton y J. Fisher que –desde una visión que me era totalmente desconocida- relataban mejorías aún mayores, pero en un marco místico espiritual semejante al de las que yo había observado.  El primer libro de R. Moody “Vida después de la Vida”  resume y analiza los curiosos relatos de personas que, habiendo sobrevivido  a accidentes de riesgo mortal, decían haber tenido extraños estados místicos y sobre todo, una radical transmutación espiritual  posterior de sus vidas, con un enriquecimiento de los valores éticos que calificaban de algo sobrenatural.  Todos estos casos corresponden a experiencias reales ocurridas durante la vida.
     El libro de los doctores J. Whitton y J. Fisher, Vida entre las Vidas, comunica, en cambio, las experiencias obtenidas bajo trance hipnótico  de los acontecimientos que ocurrirían en el estado del Bardo, que -en teoría de las reencarnaciones-  corresponde al período intermedio entre la muerte y el nuevo nacimiento" (Ibíd. P12).
      Es así como S. Peña y Lillo inicia una sin fín y enriquecedora incursión en los Libros tibetanos sobre la vida y la muerte, los libros de medicina de los investigadores sobre antes y después de la vida... ¿Qué encontraremos nosotros, si también incursionamos en ellos?


Sobre la relación vida y muerte el Dalai Lama dice:

 “Como budista contemplo la muerte como un proceso normal, una realidad que acepto debe ocurrir mientras permanezca en esta existencia terrenal. (…) Desde mi punto de vista la muerte se asemeja más a un cambio de vestimenta cuando está vieja y gastada que a un final definitivo. Sin embargo, la muerte es imprevisible: ignoramos cuándo o cómo ocurrirá. Así pues, resulta sensato tomar ciertas precauciones antes de que se produzca realmente. Es evidente que a la mayoría de nosotros nos gustaría tener una muerte apacible. Sin embargo, también está claro que no podemos esperar morir así si nuestras vidas han estado impregnadas de violencia o si nuestras mentes han estado agitadas predominantemente por emociones como la ira, el apego o el miedo. Por lo tanto, si deseamos morir bien, debemos aprender a vivir bien (…) debemos cultivar la paz tanto en nuestra mente como en nuestra manera de vivir” (Prólogo a “El libro Tibetano de la vida y de la muerte” de Sogyal Rimpoché” Ed. Urano, Barcelona, 2009. Pág.11)


      Para los budistas la experiencia de la muerte reviste suma importancia, se educan para saber cómo enfrentarla pues: “Aunque el lugar y la naturaleza de nuestro renacimiento futuro dependan generalmente de fuerzas kármicas, nuestro estado mental en el momento de la muerte puede influir en la calidad de nuestro siguiente renacimiento. (…) El instante preciso de la muerte es también la ocasión para que se den también las experiencias interiores más profundas y beneficiosas...” (Ibíb. Pág. 12) Por ello para el budista es importante saber cómo ayudar al moribundo. Al respecto el maestro budista, Sogyal Rimpoché, reflexiona: 

"Las personas que se hallan a las puertas de la muerte requieren evidentemente amor y cuidados, pero también necesitan algo todavía más profundo: descubrir un verdadero sentido a la muerte y a la vida." 
      Y nosotros ¿sabremos cómo acompañar a un moribundo en su morir; de tal modo ayudarle en ese tránsito? El capítulo 11 de "El libro tibetano de la vida y de la muerte", se llama "Consejo de corazón sobre la asistencia a los moribundos".  En él, Sogyal Rimpoché, parte contando un caso típico: Una madre de 70 años se encuentra internada en un hospicio, con cáncer terminal. Le quedan muy pocos días de vida. La hija se niega a aceptar la inevitable muerte inevitable e insiste en que con fe y pensando positivo sanará. Esta actitud obliga a la madre a ocultar sus pensamientos, temores, necesidades reales: no tiene con quien hablar de lo que realmente le interesa: no tiene con quién discutir sus por qué me pasa esto, cómo será mi agonía, qué sucederá más allá de la muerte... Apenas la hija se va, la madre llora; está sola, no tiene con quién conversar de lo más importante que está por ocurrirle: morir.



2.1. 2  Principios de ayuda al moribundo


      Pues bien, basada en este Capítulo, pasaré a deducir y presentar los principios que debiéramos tener presente para acompañar y asistir a quienes se encuentran en situación de enfermedad terminal o moribunda: 

1.  Demos paso a una comunicación abierta, sincera… 
2. Creemos una atmósfera de confianza, tranquilidad; sin tensiones; de tal forma el enfermo sienta que puede hablar, preguntar, reír, llorar sin restricciones. No le interrumpas, discutas o restes importancia a lo que te expresa: emociones, pensamientos, creencias, preocupaciones, ansias, deseos, etc. 
3. Aprendamos a escucharle y a aceptarle. Siéntate junto a él-ella, como si tuvieras todo el tiempo y para ti fuese lo más importante. A veces, lo más importante es escucharle, mirarle con cariño, tomarle una mano, abrazarle... 
4. Hagamos uso de nuestro sentido común y del humor: “El humor es algo maravilloso para aligerar la atmósfera 8…) romperla exagerada seriedad y la intensidad de la situación. Así pues, utiliza el humor con tanta habilidad y delicadeza como seas capaz” (Ibíb. p. 228) 
5. Reaccionemos con calma ante inesperadas iras del moribundo: “No pienses que esa cólera se dirige realmente contra ti; si comprendes de qué profundidades de miedo y aflicción surge, evitarás reaccionar a ella de modo que pueda perjudicar la relación entre vosotros” (Ibíb. p. 228) Es común que haya reacciones que son de ira y culpa contra todo, todos, si mismo y nadie: pasará. 
6. “La muerte saca a la luz muchas emociones reprimidas: tristeza, insensibilidad, culpa e incluso envidia al que está sano” (Ibíb. p. 231). Ayúdele a que no reprima ninguno de esos sentimientos… Después de esas oleadas de dolor, frustraciones, rabias, vendrá el sosiego, la calma… “Sólo has de estar allí tan plenamente presente como puedas. Y si experimentas mucho miedo y ansiedad y no saber qué hacer, díselo sinceramente y pídele ayuda a él mismo.” (Ibíb. p. 231). 
7. No digamos al moribundo que no debe estar triste. Recuerda que se está despidiendo de toda una historia de vida, familia, amigos, recuerdos, cosas, mascotas, trabajo, casa, cuerpo, mente… Así como habrán momentos de alegría, risas, reflexión, calma, inquietud, habrán momentos para las lágrimas.
8. No prediquemos recetas espirituales propias; lo que sí demos hacer es ayudarle a que se ponga en contacto consigo mismo, hasta que encuentre su ser y con ello su propia y auténtica fe, esperanza y fuerza espiritual. 
9. No nos propongamos ser salvadores de todas las personas mueren.  Quien muere, muere como es él y no como quieres que sea.  Debes aceptar al moribundo para que sea él quien recorre el camino hacia su verdadero ser. Lo más importante es que le demuestres un amor incondicional, sin presionarle, sin expectativas; sólo así se sabrá aceptado. No es fácil; más aún si hay resentimientos por parte de alguno, sufrimientos… Ponte en su lugar (ello te ayudará a entenderlo y saber qué hacer) “Imagina que eres tú quien está en su cama afrontando la muerte. Y entonces pregúntate seriamente ¿Qué es lo que más necesitaría si me encontrara muriendo? ¿Qué me gustaría más? ¿Qué desearía realmente del amigo que ha venido a verme?” (Ibíb. p. 230) 
10. Decir la verdad sobre la condición de moribundo… Generalmente la persona lo sabe, lo intuye pero espera que otros le hablen de ello; se lo confirmen. “Creo que es esencial decirle la verdad; es lo mínimo que se merece. Si no le decimos la verdad, ¿cómo podrá prepararse para la muerte? ¿Cómo podrá llevar las relaciones de su vida a una conclusión verdadera? ¿Cómo podrá atender los numerosos asuntos prácticos que deben resolver? ¿Cómo podrá ayudar a los que quedan atrás y han de seguir viviendo después de su partida? 
11. Las personas – aunque moribundas, no son moribundas: son personas y quieren ser tratadas como tales.


2.2  El mundo Occidental ante lo trascendente de la vida


      El maestro budista Sogyal Rimpoché, reflexiona sobre lo que acontece en nuestro mundo occidental: “A pesar de sus éxitos tecnológicos, la sociedad moderna occidental carece de una verdadera comprensión de lo que es la muerte y de lo que ocurre durante y después de ella. Descubrí que hoy se enseña a la gente a negar la muerte y a creer que no significa otra cosa que aniquilación y pérdida. (…) otros contemplan la muerte con una jovialidad ingenua y despreocupada. (…) Todas las grandes tradiciones espirituales del mundo, incluyendo el cristianismo, siempre han dicho claramente que la muerte no es el final. Todas nos han transmitido la visión de alguna clase de vida venidera, que infunde un sentido sagrado a nuestra existencia presente. Pero, a pesar de estas enseñanzas, la sociedad contemporánea es en gran medida un desierto espiritual en el que la mayoría de la gente imagina que esta vida es lo único que existe. 

   
Sogyal Rimpoché: Morir en Paz 

      No se trata de creer –dice Sogyal Rimpoché- en una existencia después de la muerte “en cuanto proposición filosófica, sino si lo sienten profundamente en su corazón. El maestro sabe que quien cree en una vida después de ésta tiene una actitud distinta ante la vida, un claro sentido de la moralidad y de la responsabilidad personal.” “… existe el peligro de que la gente sin una firme creencia en una vida después de ésta acabe creando una sociedad centrada en los resultados a corto plazo, sin pararse a reflexionar en las consecuencias de sus actos. ¿Podría ser éste el motivo principal de que hayamos creado un mundo tan brutal como el que ahora ocupamos, un mundo en el que hay tan poca compasión? (…) Nuestra sociedad está obsesionada por la juventud, el sexo y el poder, y rehuimos todo aquello que nos evoca la vejez y la decrepitud” (Ibíd. Pág. 32)





2.3 La experiencia del Túnel 

      Desde mediados del S. XIX y durante 20 años, a raíz de una experiencia personal, el geólogo suizo Albert Heim recopiló y analizó informes de personas que habían sido declaradas clínicamente muertas. En 1892, concluye la similitud en todos esos relatos... Después de 80 años, en 1971, el catedrático de psiquiatría de la Universidad de Iowa, Dr. Rusell Noyes, revive lo investigado por Heim y analiza una serie de otros casos autobiográfico.  Por cuanto son personas que aún siendo declaradas clínicamente muertas, son "reanimadas", Sergio Peña y Lillo las llamará experiencias de cuasi muerte, concluyendo que los fenómenos relatados no sólo son reales sino que manifiestan coincidencias en lo que distingue como tres períodos básicos:
1º Resistencia: “se caracteriza por una inicial confusión y un esfuerzo por conservar la vida, pero que concluía con rapidez, en una ineserada aceptación de la muerte, dando paso a una especial tranquilidad” (Peña y Lillo, Sergio. “Las experiencias del Túnel y el Bardo”. Ed. Grijalbo, Stgo. de Chile, 2006. Pág. 26) 2º Análisis de la propia vida: “por lo general, consistía en una revisión rápida y panorámica de sus principales acontecimientos” (Ibíd.)
3º Experiencia “beatífica” y “mística”: “sumergidos en un estado de paz desconocida, relatan increíbles visiones religiosas y cósmicas”


   
  
     
         Destaca el Psiqu iatra Peña y Lillo las investigaciones del Dr. Raymond Moody, con estudios sobre la 


base de 150 sujetos seleccionados, dando lugar a dos libros: “Vida después de la Vida” (1972) y “Más sobre la vida después de la vida” (1977) con estudios y relatos de más de 150 casos: 

“Fueron precisamente estos sujetos los que le permitieron conocer detalles de gran importancia, como por ejemplo, el comprobar con posterioridad la exactitud de lo que dijeron haber “visto” u “oído” aquellos enfermos que estuvieron hospitalizados al referirse a los actos y comentarios de médicos y familiares, mientras se encontraban en aparente “coma clínico”. La mayoría relataba “estar flotando”, a una distancia indefinida, de su propio cuerpo físico. Sin duda, la verificación personal que efectuó, confirmando la veracidad de lo que había ocurrido y de lo que se conversó junto al enfermo, nos obliga a descartar que en estos casos se hubiera tratado de meras “ensoñaciones” o “fantasías oníricas”, ya que de ser así, no podrían haber percibido lo que acontecía en su entorno, debiendo suponerse la existencia de “percepciones extrasensoriales”” (Ibíd. Pág. 28)



Vida después de la vida. Relatos directos estudiados por Dr. Moody (1 y 2)

      Sergio Peña y Lillo, después de su estudios partir de lo investigado por Heim, Moody, Noyes , Rimpoché, Whitton y Fisher, Michael Sabom y otros, considerando sus propias experiencias con sus pacientes, insiste en “la extraña y común regularidad de una “secuencia” de acontecimientos que se desencadenan de acuerdo a un orden que sugiere la existencia de un “proceso preestablecido”:



  1. Desconcierto y agitación inicial, 
  2. Desdoblamiento corpóreo, 
  3. Visión desde cierta distancia (por lo general “flotando” encima de la escena) de su cuerpo que suponen muerto y de los esfuerzos médicos por resucitarlo,
  4. Aceptación de lo que ocurre en un estado de paz agradable,
  5. Aparición de “espíritus” que reconoce como amigos o familiares previamente muertos y de “seres de luz” que le inducen a una visión panorámica de su vida,
  6. Encuentro con un muro o barrea que le impide continuar,
  7. Conciencia-transmitida “telepáticamente” de que debe regresar a la vida,
  8. Resistencia por el deseo de continuar en el estado de felicidad sobrenatural en que se encuentra,
  9. Ingreso al cuerpo real,
  10. Carácter inefable de lo vivido que no logra comunicar y que lo decide a no intentarlo nuevamente,
  11. Repercusión profunda de la experiencia con un claro enriquecimiento personal tanto de lo valores como en la conducta posterior, en un sentido espiritual.” (Ibíd. Págs. 30-31). 


      Peña y Lillo destaca la existencia de grabados realizados 500 años antes que el Dr. Moody publicara su primer libro;"Vida después de la vida", los que asombrosamente, coinciden con su relato del ascenso del alma hacia la luz sobrenatural.  Es el caso de "La Ascensión al Empíreo" de El Bosco, pintura realizada hacia 1490; la que se encuentra en el Palacio Ducal de Venecia. (Imagen a la derecha), y que Peña y Lillo elige como portada de su libro "El Túnel y el Bardo".



2.4 La experiencia del Bardo 

      Mientras la experiencia del Túnel ocurre en la vida actual y puede ser estudiada con medios científicos tradicionales, en este caso, el único aval científico  es la narración de quienes bajo trance hipnótico profundo, acceden a lo que les habría ocurrido después de la muerte de una vida anterior y antes de volver a encarnarse. No se  trata de experiencias de cuasi muerte sino de muerte y "transmigración de almas".  El Dr. J Whitton ignoraba las tradiciones tibetanas, cuando descubrió la existencia e importancia del Bardo, a través de las regresiones hipnóticas y con fines terapéuticos  que realizaba a sus pacientes; por ya más de quince años. Fue un hecho casual: Buscando datos de interés para sanar a una de sus pacientes, como era habitual la hizo "regresar" a varias vidas anteriores.  La frase habitual era "retroceda a una existencia anterior".  Pues esta vez, por distracción le dijo: "Vuelva a su vida anterior". En un comienzo Whitton no entendía lo que ocurría; pues las descripciones de la paciente eran totalmente diferentes a las de la vida terrenal. El médico volvió una y otra vez sobre la grabación de la entrevista,  hasta entender que había llevado a su paciente a una "zona intermedia" entre encarnaciones.  Allí empezaron sus investigaciones sobre estas vidas intermedias, llevando ahora a los enfermos intencionadamente a ellas.

      El Bardo sería, entonces, "el "verdadero hogar" del hombre, donde el espíritu descansa y se recupera, al mismo tiempo que asimila la experiencia de su última "vida" en el contexto de las anteriores para así  elaborar el "proyecto kármico"que le parece más conveniente para continuar el desarrollo espiritual de su "alma", en su próxima existencia terrenal" (Sergio Peña y Lillo. Ob. cit. p.48)  La estadía en el Bardo es de paz, de autocrítica que analiza logros y límites no superados, virtudes y defectos, bien y mal causados.  La necesidad y decisión de volver a tener una vida terrenal sería consecuencia de un impulso innato al progreso espiritual "venciendo los defectos que aún no habían podido superar y que sólo pueden lograrse  en las "existencias terrenales", que serían los únicos períodos de posible corrección y aprendizaje" (Ibíd. p. 41)


25 Casos especiales a reflexionar

El aborto. Las experiencias del Túnel y del Bardo -dice Peña y Lillo- llevan a repensar los criterios de certeza, "particularmente en lo que se refiere a la decisión del momento real en que se inicia y termina la existencia " (Ibíd. p. 122)  Igualmente, nos lleva a la reflexión sobre el aborto, sobre el sentido del cuerpo como hogar terrenal del alma.  Los pacientes del Dr. Whitton relatan "haber estado "revoloteando" sobre la madre, tratando de dirigir su alimentación y su vida para la protección del feto en desarrollo en el cual han decidido vivir" (Ibíd 125). También se habla de encarnaciones de conjuntos de almas interconectadas; con misiones comunes... Por el fenómeno del olvido no se reconocen pero sí intuyen simpatías o antipatías sin explicación racional.
      Quienes mueren antes de nacer o en la  primera infancia, vuelven a los estados bárdicos para esperar otra condición más favorable para reencarnar.

El suicidio.  Tanto en el caso de la cuasi muerte y la experiencia del Túnel como de muerte y evocación del Bardo, las experiencias negativas se intensifican: autorreproches por el dolor que causan y no poder comunicarse con sus familiares o amigos para consolarlos. En  el caso del Túnel no ven la luz ni experimentan felicidad.  En el Bardo les angustia saber que deberán volver a enfrentar la situación que intentaron evadir.  No se trata de descalificaciones ajenas sino autorreproches.

  La tradición oriental piensa q ue el suicida deberá permanecer largo tiempo en ese estado de dolor y autorreproches, como castigo por haber actuado no contra una voluntad divina sino por "haber roto las reglas" de su propio proyecto kármico.  Ahora bien, dado el estilo de vida, en constante meditación, de los budistas tibetanos,son muy excepcionales los casos suicidio.En esos casos, dice el maestro tibetano Rimpoché que se requiere de maestros experimentados que guíen esas almas para liberarlas y sigan su curso kármico, esto es, renacer para reparar el error.  Es el sentido las oraciones y rituales de las religiones occidentales , que piden a Dios y/o seres celestiales que ayuden a que el deudo siga su camino.

Patologías.  Quienes han sido diagnosticados de coma grave e incluso muerte clínica -muerte cerebral y muerte encefálica (con compromiso del bulbo raquídeo y pérdida de la respiración espontánea), con electroencéfalogramas planos de 12 y 24 horas, al recuperarse están lúcidos y sin secuelas. El premio nobel de biología -Sir John Eccles- descubrió que sólo en el hemisferio dominante (el izquierdo en los diestros) estaría la conciencia y su documentada conclusión de que la mente autoconsciente no tiene localización en ninguna parte del cerebro, pudiendo estimarse como una supraindividualidad espiritual o un diferente "cuerpo etérico"capaz de separarse del organismo carnal"








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